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Discopatía degenerativa

Tratamiento para el desgaste de los discos intervertebrales

¿Qué es la discopatía degenerativa?

La discopatía degenerativa es una patología producida por el desgaste de los discos intervertebrales y es la causa más común de dolor lumbar.

Causas de la discopatía degenerativa

El hombre está diseñado para caminar sobre sus cuatro extremidades, y como los grandes simios, erguirse en momentos puntuales. Sin embargo, hemos desarrollado la capacidad de ponernos de pie, caminar y correr manteniendo la espalda recta. Esto produce un aumento de la fuerza que soporta el final de la espalda llevándonos a un desgaste temprano de los “muelles” por donde se dobla la espalda. Es más, forzamos desde bien temprano a doblar la espalda tomando como bisagras las caderas y a coger pesos. Esto provoca que estos “muelles”, llamados discos intervertebrales, se den de sí y acaben desgastándose.

Las principales causas de la discopatía degenerativa lumbar son:

  • Deterioro de los discos intervertebrales
  • Lesiones de espalda
  • Envejecimiento
  • Malas posturas estáticas
  • Malas posturas al levantar peso
  • Sedentarismo

Síntomas del desgaste de los discos intervertebrales

El desgaste de los discos comienza normalmente entre los 30-35 años. Produce un dolor lumbar sordo, continuo y molesto que baja por las nalgas hasta la parte inferior y posterior de los muslos. A veces se irradia a los trocánteres y a las ingles. Es frecuente que nos produzca episodios agudos de dolor (lumbalgia) que no suelen sobrepasar los tres meses de duración. Este proceso es tan frecuente que se calcula que el 90% de la población va a padecer al menos una vez en su vida un dolor de estas características.

Las principales síntomas de la discopatía degenerativa son:

  • Dolor lumbar
  • Dolor en el cuello
  • Entumecimiento y hormigueo en piernas y glúteos
  • Molestias y dificultades al andar

[Image of healthy disc vs degenerative disc MRI]

Diagnóstico de la discopatía degenerativa

Las radiografías nos dan pistas de si un disco puede o no estar desgastado por la disminución de la altura del mismo. Cuando un disco ya no funciona bien, acaba alterando las articulaciones de las vértebras (facetas) dando un dolor a punta de dedo en la zona central y baja de la espalda.

Podemos diagnosticar el estado de un disco con la resonancia magnética (RM) o el scanner (TAC). Aunque ambas pruebas solo están indicadas en el caso de que los dolores sobrepasen unos determinados límites o sus características hagan sospechar al médico que no se trate de una simple lumbalgia mecánica. No siempre está indicada su prescripción.

La RM muestra un disco sano cuando es ovalado, blanco y tiene límites bien diferenciados. Un disco de color gris o negro, en principio, significa que está empezando su desgaste. Se comporta como un globo, así pues disminuye de altura y se aplasta, sobresaliendo por los “polos”. La parte que sobresale hacia el canal por el cual pasan los nervios hacia las piernas se llama “protusión”.

Tratamiento para el desgaste de los discos intervertebrales

El tratamiento en los casos de lumbalgia es conservador y se fundamenta en tres pilares:

La higiene postural

No agacharse con la espalda, sino siempre flexionando las rodillas con la espalda recta; no coger pesos, y de hacerse, hacerlo siempre acercando el paso al cuerpo sin hacer palanca doblando las rodillas; no inclinarse hacia delante sin apoyar las manos (por ejemplo hacer camas, lavar platos a mano…).

El ejercicio aeróbico

Es fundamental potenciar los abdominales y las lumbares. Para ello, el mejor ejercicio es la bicicleta estática, la natación a espaldas, el pilates o el yoga. Para los más mayores se recomienda la gimnasia de mantenimiento. Caminar es algo saludable para la salud en general, pero no es específico para prevenir el dolor de espalda, no es suficiente para hacer que alguien mejore.

La medicación

Tomar de manera regular medicación contra el dolor que nos paute el médico. Muchas veces extendemos el tratamiento meses, pero esto debe de estar siempre vigilado por un doctor.


El calor local también viene bien para aliviar el dolor, al igual que el reposo en cama semirígida con una almohada de pequeño grosor.

Si el tratamiento no nos mejora se puede optar por la rehabilitación o por técnicas de la unidad del dolor. La cirugía no suele ser la solución al problema, por lo que no se suele ofrecer como alternativa a esta patología.


En Clínica DKF en El Viso (Chamartín) de Madrid contamos con una Unidad de Columna especializada en el tratamiento de la discopatía degenerativa. Consulta con nuestro especialista en traumatología de columna cómo te podemos ayudar.

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Preguntas frecuentes

Discopatía degenerativa comprende la valoración y el abordaje de los problemas relacionados con esta condición, prueba, tratamiento o área clínica. El objetivo es identificar qué está causando los síntomas, cómo afecta a la movilidad o a la vida diaria y qué opciones pueden ayudar. Como contexto, la página de Clínica DKF explica que tratamiento de discopatía degenerativa de la columna en Clínica DKF (Madrid): diagnóstico experto y terapias personalizadas para aliviar dolor de espalda, mejorar movilidad y frenar la progresión del desgaste discal. La información general orienta, pero no sustituye una consulta ni permite confirmar un diagnóstico sin explorar al paciente.

Conviene prestar atención a dolor persistente, inflamación, rigidez, pérdida de fuerza, limitación del movimiento o dificultad para caminar, trabajar, dormir o hacer deporte. La forma de presentación puede variar según la edad y la causa. Se recomienda una valoración más rápida si los síntomas aparecen tras un traumatismo importante, empeoran con rapidez, se acompañan de fiebre, pérdida de sensibilidad o incapacidad para apoyar o mover la zona afectada.

Discopatía degenerativa puede relacionarse con sobrecarga, traumatismos, desgaste, alteraciones biomecánicas, inflamación, enfermedades previas o factores propios del crecimiento, según el caso. Habitualmente no existe una única causa, por lo que el especialista revisa antecedentes, actividad, evolución y exploración física. Identificar los factores que contribuyen al problema permite orientar mejor el tratamiento y reducir el riesgo de recurrencia, sin asumir que todos los pacientes necesitan el mismo enfoque.

El diagnóstico comienza con la historia clínica y una exploración física específica. Dependiendo de los hallazgos, pueden solicitarse radiografías, ecografía, resonancia, análisis u otras pruebas funcionales. No todas son necesarias en todos los casos: se eligen únicamente cuando pueden aclarar la causa, descartar problemas relevantes o cambiar el tratamiento. La interpretación debe relacionarse con los síntomas, porque una imagen aislada no siempre explica lo que siente el paciente.

El profesional más adecuado depende de los síntomas y del diagnóstico probable. Pueden intervenir especialistas en traumatología, reumatología, podología, unidad del dolor, rehabilitación o fisioterapia, entre otros. En la primera valoración se determina qué área resulta más apropiada y si es útil coordinar varias disciplinas. Un enfoque multidisciplinar puede ser especialmente relevante cuando el problema afecta a distintas estructuras o requiere combinar tratamiento médico, ejercicio terapéutico y seguimiento funcional.

El tratamiento se adapta al diagnóstico, intensidad de los síntomas, duración, edad, actividad y objetivos personales. Puede incluir educación, modificación temporal de cargas, medicación prescrita, fisioterapia, ejercicio terapéutico, infiltraciones, técnicas específicas o cirugía cuando está indicada. Habitualmente se comienza por las opciones menos invasivas que puedan resultar eficaces. El plan se revisa según la evolución para ajustar objetivos y evitar tratamientos innecesarios.

No siempre. Muchas afecciones del aparato locomotor pueden mejorar con medidas conservadoras como adaptación de actividad, ejercicio terapéutico, fisioterapia, medicación indicada o tratamientos intervencionistas seleccionados. La cirugía suele considerarse cuando existe una indicación clara, daño estructural relevante, pérdida funcional importante o falta de respuesta a otras opciones. La decisión debe tomarse tras explicar beneficios, riesgos, alternativas y expectativas realistas para cada paciente.

Es recomendable solicitar valoración si el dolor o la limitación persisten, reaparecen con frecuencia o impiden actividades habituales. También conviene consultar tras un traumatismo relevante, ante deformidad, inflamación marcada, bloqueo articular, pérdida de fuerza o síntomas neurológicos. Una atención temprana puede ayudar a identificar la causa y evitar que el problema se cronifique. Si hay fiebre, pérdida súbita de sensibilidad o incapacidad funcional intensa, debe buscarse atención urgente.

El tiempo de recuperación o mejoría varía ampliamente según el diagnóstico, la gravedad, el tratamiento y las demandas diarias o deportivas. Algunas personas notan cambios tempranos y otras necesitan varias semanas o meses. El especialista puede establecer fases y objetivos funcionales, en lugar de una fecha rígida. Cumplir las indicaciones, progresar las cargas de forma gradual y acudir al seguimiento ayuda a detectar dificultades y ajustar el plan.

No todos los casos pueden prevenirse, pero es posible reducir algunos factores de riesgo. Suele ayudar progresar la actividad de forma gradual, mantener fuerza y movilidad adecuadas, respetar la recuperación, revisar la técnica deportiva o laboral y consultar ante síntomas persistentes. Las recomendaciones deben adaptarse a la causa y a la persona. Evitar por completo el movimiento sin indicación profesional puede ser tan poco útil como mantener una carga excesiva.

El coste depende del tipo de consulta, prueba o tratamiento finalmente indicado y de las necesidades concretas del paciente. No es posible dar una cifra responsable sin conocer el caso y confirmar qué servicios serían necesarios. Para solicitar información actualizada y un presupuesto orientativo, lo adecuado es contactar con Clínica DKF. El equipo podrá explicar el proceso de valoración y qué datos necesita para facilitar información precisa.

Puedes solicitar una valoración mediante la página de contacto de la clínica. Indica brevemente el motivo de consulta, la zona afectada, el tiempo de evolución y si dispones de informes o pruebas previas. El equipo te orientará sobre el profesional o unidad más apropiados y sobre la documentación que conviene aportar. Para iniciar la solicitud, puedes contactar con Clínica DKF.